Amodio

Te amodio porque te pareces un montón al Parque Obrero, tan bonita y sucia, piernas hermosas, rodillas rojas y una sonrisa que te acuchilla en las noches y te tumba el celular.

Eres el tipo de mujer que desde el primer beso ya sabés que te va a volver mierda. Déjame irme caminando por tu cuerpo que no tengo para el bus, quiero meterme a tus calles más oscuras, quiero que tus besos me hagan tropezar, me empañen las gafas y mis ganas de cogerme a alguien más.

No me importa si un día tienes un montón de tráfico en el corazón y sientes que ya no me quieres besar, yo te voy a recorrer en la bicicleta que le robé a algún patán.

Yo haré una manifestación en tu cuadra de cien mil mordidas hasta que no puedas parar de gritar himnos de amodio universal.

Beso a beso, golpe a golpe hasta que sientas que el único fraude es creer que el romance no existe en esta pinche ciudad.

Ahora nada me pone más caliente que ver cómo te atardecen esos labios de horizonte naranja con aire contaminado.

Tú me enseñaste que hasta a la mugre se le puede amodiar. Me pusiste contra la pared y me bajaste todos los recuerdos dolorosos, las ideas, los chistes malos que siempre uso para tratar de agradar a todos los que me valen verga.

Te amodio porque no importa cuánto andemos en bus, o cuánto caminemos, no puedo dejar de mirar tus párpados de colores, tus cines a blanco y negro y llenos de gatos, tus cielos decorados por tabaco.
Creo que no soy capaz de vivir en otro infierno.
Te amodio porque eres la ciudad perfecta para este hijueputa enfermo.