Bartolomea

Cuando me siento frente a la pantalla en blanco siempre aparece un “No sé qué escribir, marica, yo no sé escribir”… Pero sé que te escribo a vos, nos escribo a nosotros para ver si puedo empezar un día, otro día de mi loca vida y cambiarte el día, otro día de tu loca vida.

Escucho un tic tac, pero los relojes de arena no hacen tic tac ¿lo escuchas? Puede ser cualquier cosa, pero lo nuestro hizo una pausa. Supongo que durante la soledad y cielos tan bonitos, el tiempo siempre será nuestro.

Tengo un amor que despierta de a poquitos y pide más desayuno, es conchudo…

Un día llegas a tu casa y te das cuenta que la persona que te cambió la vida ni siquiera forma parte de ella ahora, te sientas en tu cama y nada parece ser estable, la rutina se apoderó de tus pasatiempos, de tus talentos y ahora lo que antes te resultaba natural se convierte en un esfuerzo doble por poder acomodar tu vida y dedicarte a tí. De pronto, la pregunta clara en mi mente: ¿Hoy dónde dormirás amor? ¿Dónde estás? ¿Cuáles son tus sueños? ¿Seremos capaces de llegar a la vida de las personas y cambiarles el rumbo? Me lo has hecho tú a mí.

La señal, esa es la señal… Retomar la vida; en vida me refiero a tus gustos, tus sueños, tus ilusiones, tu esencia; no tu trabajo y tus horarios por cumplir.

¿Te has dado cuenta cómo me encanta hacer de nuestra poesía algo interactivo? Casi puedo escuchar el suave shsído de tu boca abriéndose y escribiendo una sonrisa inesperada. Susurrar de vez en cuando. Leer partes en voz alta, contestar preguntas que no te he hecho y mirar si nadie te está viendo como a una especie extraña que habla con una pantalla. Aquí no me quedan escondites; aquí no puedo culpar a las paredes de madera, al parque, a las aceras, ni siquiera a mi vieja cama que no es tan vieja pero tal vez, para cuando termine de escribir esto, lo sea.

 

¿Querés opinar?