Treinta

Elle: -Tapáte los ojos. Es mejor que ni veás porque es probable que no querás seguir con lo nuestro!


Bartolomea: -¿A qué te referís?


Elle: –A que… cuando salgamos de aquí tendremos que enfrentarnos al mundo. Primero nos miraran y pensaran que se nos pasará pronto, luego les espantará lo bien que estamos y comenzarán a hablar, convertirán sus pequeños gestos en cotilleos, te llenarán la cabeza de cosas, te harán creer que no soy la persona indicada y que merecés algo mejor. Luego nos enojaremos y aprovecharán para hacerte ver que no soy perfecto, que siempre la cago y que te hago daño. Tú irás cediendo y pensarás que todo lo que dicen es verdad. Y te alejarás de mí creyendo que todo nos sale mal porque quiero hacerte daño, porque no te quiero lo suficiente. El enfado se irá con el tiempo, pero me tendrás lejos y odiarás extrañarme. Comenzarás a sentirte irritada por no tenerme a tu lado y creerás que el odio es hacia mí. Y todo se acabará, porque por mucho que grite que te amo no me escuchás, porque por mucho que me esfuerce creerás que ya no puedo hacerte feliz… Y peor aún, tendrás miedo de que el mundo se vuelva otra vez contra nosotros, de que todos tengan razón…


Bartolomea: -Tenés razón, ya no quiero ser tu novia…


Elle: -Pero es que tenemos qué. Así que… no queda más que decirte, que cuando me mirés y pensés en lo mucho que me odiás tengás en cuenta mis palabras y sustituyás ese «te odio» por «odio los miedos que nos separan», porque así, cuando nos miremos de lejos y pongás esa mueca entre rabia y puchero yo te podré decir con mi fachada de indiferencia: «yo también odio estar sin vos». Así mantendremos vivo esto hasta que lo que diga el resto deje de importar y me encontrés un día aferrado a tu mano, me agarrés la cara y me besés como nunca jamás besarás a nadie…


Bartolomea: -Siempre te voy a amar.


Elle: -Ojalá podás, yo ya pude!